Travestirse
El sólo pensamiento de las sensaciones que estás a punto de experimentar te produce una excitación mental que poco a poco comienza a reflejarse en tu cuerpo. Sin la necesidad si quiera de un roce que lo genere, tu pene comienza a ganar rigidez desperezándose entre tus piernas. En una búsqueda casi desesperante de privacidad, escapás llevando entre tus manos la razón de tu excitación. Tomadas con delicadeza, prendas de la más refinada lencería femenina se bambolean al ritmo de tus pasos. Te asegurás la nula posibilidad de ser descubierto y te preparás para disfrutar de una ansiada transformación, aunque sólo te dure el tiempo que pueda llevarte una buena paja. Colocás entre los breteles del sostén ambas manos, levantando luego tus brazos y dejando que la prenda se deslice sola por su propio peso. Tirás de las copas buscando cubrir senos imaginarios, abrochando luego y con maestría el sostén a tus espaldas. Levantás una a una tus piernas, pasándolas por los elásticos de una diminuta tanga que cuidadosamente comienzas a subir. Deslizás la prenda por tu piel hasta que la tela por delante abraza tu pene erecto que lucha por salirse y por detrás se pierde entre tus nalgas llegando a rozar tu ano. Caminás con delicadeza observándote en el espejo, arqueas la espalda sacando cola sintiendo la tanga perderse un poco más y liberás por un costado de la prenda tu pene totalmente colorado por una erección que ya comenzaba a doler. Te invitamos a contarnos tu historia... y como son aquellos momentos de calentura en donde en una cuidada soledad o junto a cómplices de ocasión disfrutás de los placeres que te produce vestir ropa femenina.
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