Prostitución Universitaria
Te fuiste a seguir tus estudios a un nuevo destino, a un lugar donde nadie te conocía, donde nadie sabía tu nombre. Descubriste la libertad que implica dejar tu ciudad, dejar a tus padres y comenzar a vivir sola, sin nadie que te vigile y sin nadie que te controle. Lejos de casa te entregaste a las garras del placer a gusto, disfrutando de tus conquistas y con tus conquistadores del buen sexo. Pero un día alguien que no supo ni pudo conquistarte te ofreció dinero a cambio de un rato de placer, lejos de escandalizarte lo pensaste mucho... y aceptaste. O simplemente tomaste la decisión de poner al intenso goce que tu cuerpo sabe brindar un precio, un valor económico. Te invitamos a contarnos tu historia... y los motivos por los cuales un día decidiste alquilar tu cuerpo, brindar placer con él y asegurar un orgasmo intenso e inolvidable a cambio de dinero.

Excesos carnales
Llegaste a tu nueva ciudad, a tu nuevo hogar y conociste el que sería tu barrio por un buen tiempo. Allí nadie te conocía, nadie sabía nada de tí y tampoco les interesabas demasiado. Eras totalmente libre de manejarte como deseabas y no tenías la necesidad de darle explicaciones a nadie. El primer hombre que llegó a seducirte te llevó a la cama y marcó el comienzo de todo, de una intensa maratón sexual. Uno a uno amantes de ocasión fueron cayendo, haciéndote gozar del sexo a pleno. Disfrutaste entre sábanas la libertad de vivir sola, de no tener que rendirle cuentas a nadie y de no preocuparte por lo que terceros puedan pensar. Tus vecinos fueron los únicos testigos, siendo ocasionales oyentes de los suspiros, los gemidos y los gritos de placer que hábiles amantes te robaban. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos momentos, en que entre mates, estudios y amigas alternabas con frecuencia amantes de ocasión, ladrones que hábilmente te robaban gemidos de placer.

Encuentro entre mujeres
Saber que estabas lejos de tu ciudad donde nadie te conocía, que tenías un lugar sólo para vos y que allí podrías cumplir aquella fantasía que daba vueltas en tu cabeza desde hacía tiempo te mantenía en un estado de excitación constante. En esos momentos de necesidad sexual extrema buscabas la estrategia que te permita dar con la amante perfecta, otra mujer que se entregue a tus deseos y por sobre todas las cosas que sepa mantener los encuentros en secreto. Aunque no te considerabas homosexual, sabías que tu heterosexualidad gozaba de derechos de sentir los placeres que pudiera brindarte otro cuerpo femenino. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos momentos, en los cuales un departamento de estudiante, el baño de la universidad o algún café al paso fueron testigos mudos de calientes prácticas sexuales que compartiste... con otra mujer.

Docente y alumna, una relación prohibida
Desde el día que se presentó como tu profesor te deslumbró con su seguridad, su sola presencia empezó a volverte totalmente loca y notaste en el trato contigo un interés especial. Te volviste una estratega de la conquista, buscaste la oportunidad de verlo fuera del ámbito de la universidad y sin mucho esmero lo lograste. Encontraste la excusa perfecta casi sin esfuerzo, lograste llevarlo a un sitio donde estar más tranquilos y sin tener que desplegar demasiada habilidad pronto se fundían entre besos. Ya sólo quedaba dejarse llevar por el deseo, intensificar el roce de los cuerpos para incrementar la excitación y disfrutar de una escandalosa relación sexual, tan deseada durante tanto tiempo. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos momentos, en que tú y tu profesor dejaron de lado por unas horas la educación para entregarse al más intenso placer sexual, convirtiendo cada gemido tuyo en un grito y cada encuentro en un 10.