Demanda a universidad por intensa vida sexual de compañera

Fuente: sopitas.com
Cuando estás instalado en una habitación para ti solito puedes hacer lo que te venga en gana: subirle a la música, dejar encendida la televisión, andar desnudo y muchas otras cosas que cambian al decidir -o estar en la necesidad- de compartir el espacio con alguien más. Sin embargo, mediante el diálogo y la tolerancia, la convivencia puede darse sin ningún problema. No es el caso de la siguiente historia.

Lindsay Blankmeyer (en imagen, izquierda) es una joven estudiante que por todos los medios trató de llevar pacíficamente la vida estudiantil con su compañera de habitación, Laura Sidla (en imagen, derecha), en el Stonehill College de Massachussets. Sin embargo las buenas palabras no dieron resultado, las autoridades del colegio no atendieron sus reclamos y Blankmeyer tuvo que demandar a su escuela por la cantidad de $150,000 dólares.

¿La razón? Sidla tenía demasiado sexo en el cuarto que ambas compartían, lo que provocó que la abstemia consorte –que de acuerdo a la denuncia presentada, sufre de depresión y déficit de atención- agravara su salud hasta el punto de convertirse en una suicida potencial.

Y es que los intensos encuentros que Sidla mantenía con su novio, sumadas a las sugestivas sesiones de cibersexo que además realizaba frente a Laura, obligaron a que ésta solicitara un alojamiento alternativo. En vista del rechazo a su petición, la estudiante tuvo que pasar los últimos seis meses del curso en su casa, en Nueva York.

Sin embargo, Kristen Magda, portavoz de Stonehill, segura que la universidad se ofreció varias alternativas a la chica, entre ellas, mudarse a una habitación individual. Además, afirmó que la estudiante “jamás ha revelado al personal universitario que sus problemas derivaran de la intensa actividad sexual de su compañera de habitación”.

Con tantas formas de arreglar el asunto como la gente civilizada…

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