Accidentes sexuales

Fuente: elmundo.es
El ser humano no suele medir las consecuencias de sus actos. Y no, no estoy hablando del temita estrella de la semana pasada. Estaba pensando en la pobre pareja protagonista de una noticia que a algunos les habrá dado mucha risa, pero sólo pensar que te puede pasar a ti es escalofriante. Una pareja alemana cayó al vacío desde la ventana de su apartamento mientras tenían relaciones sexuales. Vale que en Alemania estén viviendo un verano excepcionalmente caluroso, pero optar por el alfeizar de una ventana como el mejor sitio para copular resulta claramente peligroso, por muy exhibicionista que sea nuestra conducta o nos guste poner los dientes largos al vecindario. Las imágenes de la evacuación por parte de los servicios de socorro de los dos amantes voladores hablan por sí solas. El galletón fue tremendo y ambos sufren fracturas y daños de diversa consideración que han motivado su ingreso en un centro hospitalario. Tras el accidente, Robert K. y Mirja P., que es como se llaman los protagonistas del suceso, han negado que estuvieran realizando ningún tipo de maniobra sexual sino que sólo ‘estaban haciendo el tonto’, versión que contrasta con la de sus vecinos (testigos oculares de la caída) que aseguran que ambos llevaban rato dale que te pego en la ventana antes de precipitarse al vacío. La razón de las dos versiones del vuelo sin motor quizás haya que buscarla en el hecho que Mirja está casada, y no con Robert precisamente. Para rematar la historia, parece ser que el marido de la accidentada amante está ingresado en el mismo hospital que la pareja por razones similares. Vamos, que lo de hacerlo en la ventana es una fijación en esa familia. De todas maneras, les podrían haber llevado a otro hospital. No me quiero imaginar cómo será la rehabilitación por esos pasillos. Para que luego digan que los alemanes son aburridos.

No hay semana en que una noticia de características similares llegue a las redacciones. Una que me impresionó profundamente fue la historia de una pareja argentina que, mientras estaban haciendo el amor dentro de su coche, éste se despeñó por un barranco de 80 metros. La sorpresa que se tuvieron que llevar supera, sin duda, la intensidad del orgasmo más explosivo. Del coche no quedó ni esto, aunque los dos amantes salvaron milagrosamente la vida y sólo sufrieron rasguños. Suerte que no era una película (donde los coches siempre explotan tras un accidente similar). A pesar de todo, leyendo la noticia, uno llega a la conclusión que el conductor era un poco toli, porque aparcó el coche en un mirador sin el freno de mano puesto. Con los movimientos y el traqueteo causados por la actividad sexual el coche terminó estampándose en el fondo de un hermoso valle andino. O bueno, igual quitaron el freno sin darse cuenta en un momento especialmente frenético.

Sí, el sexo es riesgo, y no sólo por las consecuencias para nuestra salud que pueden comportar ciertas prácticas realizadas a lo loco y sin medidas profilácticas. En ocasiones, en el momento más tonto, se puede desencadenar la tragedia (como en una peli de Superman) y podemos terminar apareciendo en los medios de comunicación de medio mundo. Eso sí, sólo con el nombre y la inicial del apellido. De todas maneras, hay accidentes sexuales más de estar por casa que todos podemos haber sufrido en algún momento a lo largo de nuestra vida y que no merecen saltar a las páginas de ningún periódico. Algunas son un tanto escatológicas, como las que recoge este blog argentino. Como decía Woody Allen, el sexo sólo es sucio cuando se hace bien.

La impulsividad de muchas personas ante el sexo y las ganas de experimentar nuevas sensaciones provocan situaciones de riesgo que pueden terminar en tragedia si la conjunción planetaria del día es espantosa. ¿Somos imprudentes por naturaleza o, una vez metidos en harina (con lo que cuesta llegar a ciertas situaciones), si tiene que pasar algo, que sea lo que Dios quiera? En el foro podéis dejar vuestra opinión y, por supuesto, compartir con el resto de la humanidad algún accidente sexual que hayáis sufrido. Aprender de los errores ajenos suele ser más efectivo que de los propios.

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