Mis primeras prácticas en solitario
Tu voz empezaba a sonar más aguda, algunos vellos comenzaban a salir en tu rostro, el interés por las chicas crecía contigo y un instinto natural te llevaba a investigar tu cuerpo, a buscar en él sensaciones nuevas y así descubrir nuevas maneras de brindarte placer. Tus manos fueron las colaboradoras para que esos momentos se volvieran inolvidables, mágicos y exquisitamente placenteros. Era natural, estabas creciendo y comenzabas a descubrir tu sexualidad. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos comienzos, en que el silencio lo rompías emitiendo los suspiros de las sensaciones de placer que tú mismo te provocabas y cuando el único responsable de tus orgasmos eras vos mismo...
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  En manos de otro chico
Tu cuerpo no conocía de géneros cuando comenzó el deseo, tu sexualidad creció día a día y se fue formando desde el momento de tu despertar sexual. El descubrimiento del placer te llevó por caminos insospechados, por prácticas insospechadas, con cómplices insospechados. La inocencia de la juventud, la vergüenza ante el sexo opuesto y la necesidad de placer fueron los pilares fundamentales para que este descubrimiento lo realices en manos de otro chico. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos comienzos, en que la privacidad de tu sexualidad era compartida y las sensaciones de placer era el resultado de un intercambio mutuo con otro chico que descubría a tu lado del sexo y de su sexualidad.
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  Mis inicios con las chicas
La inocencia no estaba dejando rastros, la curiosidad por el sexo opuesto era cada vez mayor y el deseo de poseer el cuerpo al desnudo de una chica ya no desaparecía con tus prácticas solitarias. Una excitación desbordante, cierta privacidad buscada con esmero y la compañía de una pícara compañera fueron elementos suficientes para un mutuo intercambio de placeres. Tocar, acariciar, besar, chupar y refregar eran acciones propias de una intensiva búsqueda de goce, de una excitación desbordante, de una calentura a flor de piel. Eran prácticas demasiado osadas como para considerarlas inocentes, pero también demasiado inocentes como para considerarlas una primera vez. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos primeros juegos sexuales en manos de una chica, esos que se jugaban en privado y a escondidas en una mutua búsqueda de satisfacción sexual.
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  Mi primera vez
Con el romanticismo de una gran película de amor, con un deseo sexual desbordante o con una mezcla de ambas la unión carnal llegaba por fín a concretarse. La excitación física producto de los besos, las caricias y las prácticas previas elevaban tu temperatura volviendo la continuación del acto sexual inevitable e ininterrumpible. Te abriste camino por primera vez en quién te esperaba excitada y espectante, recibiendo en una húmeda bienvenida la dureza de tu pene tibio y latente, brindándote en cada penetración un mar de sensaciones. La inexperiencia, la torpeza y el deseo se mezclaban en la lucha de dos cuerpos unidos que buscaban llegar desesperadamente al límite del placer. Te invitamos a contarnos como fueron aquellos momentos en que tu inocencia, tu virginidad y tus miedos a perderla pasaban a ser cosas del pasado. Un instante de tu vida que sólo ocurre una vez, pero que se recuerda para siempre.
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