Vacaciones, jóvenes al límite

Fuente: andigital.com.ar
Quienes consumen las sustancias supuestamente potenciadoras buscan promover el aumento de la excitación sexual, lo cual produce, al mismo tiempo, la disminución del control conciente y de la represión.
Por la doctora Beatriz Literat
(*)

Se observa con creciente alarma en estas vacaciones de verano el aumento de una moda en los lugares en que se concentran los adolescentes y jóvenes. La de consumir sustancias supuestamente potenciadoras de las sensaciones sexuales en forma de pastillas asociadas a bebidas energizantes, drogas que se inhalan y mezclando todas estas sustancias con alcohol.

A pesar de las consecuencias que se ven cada año, de intoxicaciones, situaciones delictivas y aún muertes como resultado de estas mezclas, esta necesidad de atreverse a más y más sin pensar en las consecuencias va en aumento.

¿Qué efecto real tienen estas bebidas y sustancias que consumen los jóvenes y también los adultos?
Quienes las consumen, buscan promover el aumento de la excitación sexual, lo cual produce, al mismo tiempo, la disminución del control conciente y de la represión. El cuerpo y la mente funcionan en “piloto automático” en un ambiente que favorece el descontrol por la aglomeración de pares en igual condición, la música frenética, ciertos mensajes subliminales manejados desde la cabina del DJ y una mentalidad general de que el boliche o la disco es el espacio adecuado para practicar en grupo todo tipo de experiencias, pensando tal vez, que entre muchos, estarán más protegidos.

¿Cómo es que, si son nocivas para la salud, los jóvenes las continúan consumiendo?
En primer lugar, las tienen a mano en el lugar donde se reúnen; además están ciertos “amigos” que ofician de líderes del grupo y que dicen “esto no te va a hacer nada, dale que es cool”. Por supuesto si alguien se intoxica o sucede algo delictivo, el instigador desaparece y no se responsabiliza.

Además del riesgo de intoxicación, ¿qué otro efecto producen estas sustancias o su mezcla?

La imposibilidad de pensar y de reaccionar ante una situación de emergencia, una especie de parálisis mental y muscular y una estupidización generalizada.

De modo que la persona puede estar en medio de un incendio y no tendrá recursos para salvarse o, si intentan un juego de violación, se dejará hacer pasivamente (en EE UU las llaman wrap drugs). En algunos casos, a continuación existe una amnesia casi total de lo sucedido, por lo cual la víctima no puede quejarse o hacer denuncias.

Esta mezcla paralizante de sustancias también se utilizan en las despedidas de solteros/as en las cuales los/as “amigos” drogan al/la novio/a e inducen a la víctima a situaciones incontrolables. Obviamente, en estos casos, las medidas de precaución en el sexo son nulas.

¿Por qué se están utilizando estos estimulantes con tanta ligereza?
Es una pregunta clave y difícil de conocer la respuesta. Desde la oferta, existe un comercio en el cual mucha gente gana dinero con esto. Desde la demanda, no existe educación sexual ni de valores, que les permita a los jóvenes evaluar si realmente necesitan gastar dinero y exponerse a problemas de salud ingiriendo estas drogas. En realidad no las necesitan, la sexualidad juvenil normal no requiere de “ayuditas farmacológicas”. Tenemos que pensar en algo más profundo.

Mi opinión, compartida con otros observadores de la realidad, es que la falta de un sistema de valores en la sociedad que sostengan la evolución de los adolescentes en la formación de su personalidad, la ausencia de proyectos viables que los alienten a estar construyendo su futuro con elementos importantes y trascendentes; la falta de metas posibles de concretar, por las cuales se deberían esforzar por vivir y trabajar, hace que los jóvenes se sientan vacíos, inseguros, aburridos y frustrados.

Como la libido es uno de los motores del ser humano que genera la energía para hacer cosas, para permanecer motivados con los propios ideales, no solo para la sexualidad genital, los jóvenes al no tener proyectos motivadores en los cuales canalizar su normal energía juvenil, para no “sentirse bajoneados”, recurren a las fiestas de sexo, drogas y más, que les dan la ilusión por un par de horas, de estar activos, funcionando bien, igualándose al grupo y de olvidarse de que ese momento no es la vida toda.

La sociedad no ve el problema. Las instituciones del Estado no ven la decadencia moral y espiritual en la que está cayendo esta generación completa de jóvenes, que son en definitiva, los futuros ciudadanos. Ciudadanos que funcionarán con severas fallas de carácter y de formación cuando sean adultos y que no podrán educar apropiadamente a sus propios hijos, si llegan a tenerlos.

El comercio de sustancias con estas características en los lugares bailables no recibe ningún tipo de limitación o sanción; estos lugares están habilitados por los organismos oficiales, los cuales se convierten virtualmente en cómplices.

No existe el hábito en nuestro país de que los padres se organicen para dialogar y generar redes de rescate y apoyo a sus hijos con asociaciones civiles a las cuales puedan pedir ayuda.

Muchos padres sienten impotencia por lo que creen es “una moda infranqueable” y ni siquiera intentan buscar soluciones creativas en conjunto con otros padres o familiares.

En otros casos, los padres están muy ocupados divirtiéndose ellos mismos “antes de que les pasen los años por encima” y esperan con bastante ingenuidad y negligencia que “todo va a salir bien, ya que es una etapa de la adolescencia de sus hijos que hay que pasar”, sin darse cuenta de que ellos mismos son el modelo.
(*) Integrante del Departamento Sexología de Halitus Instituto Médico - MN°50.294

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