Sexo anal


Mucho más que una penetración.

La religión lo llamó "sexo contranatura", "sodomía", "analismo sexual", "pederastía", "coito per anum" por ser una actividad que supuestamente iba contra el mandato divino de la procreación. La penetración anal ha sido contrabatida por siglos y calificada como pecado, acto pecaminoso o inmoral. Sin embargo, el sexo anal es tan antiguo que se sabe que en los andes prehispánicos era practicado de manera ritual entre hombres, según lo atestigua Cieza de León en sus crónicas. Aunque es común en algunas culturas, en otras existen restricciones para este tipo de cópula y en EE.UU., en 1990 aun existían varios estados con estatutos que consideraban ilegal al sexo anal consentido. Hoy cada vez más parejas heterosexuales practican el sexo anal simplemente con fines placenteros, como control de la natalidad y hasta para evitar romper el himen de una chica virgen a pesar de que, como dicen los médicos, el ano no pertenece al aparato reproductor ni está preparado fisiológicamente para el acto sexual. Veamos el otro lado del placer.

No negar el poder del tabú anal
Gran parte de la población se sentirá avergonzada con sólo pensar en explorar sus anos. Para algunos el pensar en sentarse en la cara de alguien o en abrirse las nalgas con las manos los pone incómodos o los avergüenza, porque nos han dicho muchas veces "no te toques ahí" o "el ano es sucio". Estos sentimientos no van a ayudar a que te relajes, sino que te van a poner más tensa. El hablar con tu pareja o con un consejero acerca de ello podría ayudarte a estar menos tensa y disfrutar más.

Conocer el terreno
Existen dos esfínteres anales, uno interno y otro externo, que mantienen el ano cerrado. El músculo de afuera es controlado por vos, lo podés sentir cuando apretás y soltás las nalgas. En cuanto al de adentro, queda medio centímetro adentro y es independiente de tu voluntad. Es decir, como tu corazón o respiración, opera de manera autónoma, ajustándose al defecar.

Por qué hay hombres adictos al sexo anal
El ano femenino es más estrecho que la vagina, apreta más al pene al ingresar, se resiste y eso estimula el sentido de posesión del hombre. "Hacer el culo", como se suele decir, es llegar más allá del sexo natural, es entrar por una puerta muchas veces vedada, es tener a la mujer en una posición animal, tomándola de las caderas como sometiéndola. Penetrar lentamente la mayoría de las veces y sentir cómo cuesta cada tramo, cómo roza... Hay en el sexo anal mucho del macho dominante, incluso hacer doler puede ser también excitante, sobre todo cuando los quejidos pasan a ser gemidos de placer.

Por qué les gusta a las mujeres el sexo anal
Hay mujeres que son particularmente amantes de la dominación y la sodomía; pero hay otras que, aun no siéndolo, encuentran en el sexo anal una sensación de entrega imposible de conseguir con la penetración vaginal. La vagina está especialmente diseñada para recibir en su interior, adaptarse a la medida de lo que se intente introducir y hasta incluso lubricarse y facilitar la penetración. Esto no se da en el ano que, por el contrario, tiende a contraerse. Eso es precisamente lo que genera una sensación de sumisión única; el sentirse poseída, invadida, sodomizada y lascerada en una zona que, si bien no es sexual, posee cientos de terminales nerviosas que transforman el dolor en placer. Y no sólo corporal es la sensación, sino también el morbo que genera el pensar que están accediendo a una zona "prohibida", "perversa", "asquerosa", a un lugar donde "no se debería" hace que se disparen en la mente pensamientos que aumentan la líbido de una manera especial. En la práctica, la penetración anal también permite a las mujeres -sobre todo las de clímax clitoridiano- estimularse manualmente el clítoris haciendo que sea más fácil esta estimulación que desde la posición que implica un coito vaginal. En algunas mujeres existe también una imperiosa necesidad de ser penetrada vaginalmente una vez que el ano está debidamente estimulado con, por ejemplo, un pene en su interior. Así consiguen lo que llamamos una doble penetración que, para muchas mujeres, es el sumun del placer.

La penetración anal no tiene por qué doler
Existe el mito de que la penetración anal siempre tiene que doler. A no ser que el dolor sea parte de tu placer sexual, siempre hay formas de reducir o eliminar el dolor durante la penetración. Nunca trates de continuar si sentís dolor, es posible que no estés suficientemente relajada. Para conseguir placer con el sexo anal son necesarias algunas condiciones:

1. Tomar más tiempo para jugar y conocer tu ano.
2. La aceptación de ambos, la eliminación de temores y dudas dentro de la pareja. Es necesario que sean ambos quienes fantaseen con que va a ser una experiencia placentera para ambos. Comunicarse con la pareja, nunca sorprenderla.
3. Una adecuada lubricación externa. Es conveniente tener presente que no se pueden lubricar preservativo con sustancias oleosas, ya que pierde su efectividad en contacto con ellas. Lo mejor es usar cremas o geles lubricantes no irritantes de base acuosa y abusar de ellos.
4. La relajación de los músculos perineales y del esfínter anal. Respirá profundo, exhalá y pujá como si estuvieras en el baño. Incluso si te gusta la dominación como parte del sexo anal, podés encontrar maneras para asegurarte que tengas comodidad y seguridad.
5. Tiempo y paciencia, para que el proceso de penetración y dilatación se realice con lentitud y sin movimientos bruscos.

Explorar
Una de las técnicas para mejorar la penetración anal es el juego con lubricante y con los dedos. No sólo por el placer que te pueda dar, sino por salud. Podrías descubrir que tenés hemorroides o verrugas. Si estás intentando introducirte algo (dedos, juguetes o penes) y sentís incomodidad o dolor, tratá de respirar y relajarte. A veces se siente un dolor intenso durante la penetración; ello se debe a que el músculo está teniendo un espasmo. Lo mejor es mantener el pene adentro y esperar 30 segundos o algo así. El esfínter interno, como cualquier otro músculo, necesita un tiempo para relajarse. Si tenés que sacar el pene te va a doler bastante y es importante que esperes un par de minutos antes de volver a intentarlo. El forzar el pene en ese momento podría causar una fisura (desgarre muscular).
Otro aspecto importante a considerar es el tema higiene. Nunca hay que introducir el pene en la vagina después de una penetración anal, ya que se produce la contaminación de la vagina con restos fecales microscópicos transportados por el pene, capaces de causar infecciones, irritación y flujo anormal. Es conveniente la higienización rápida de los miembros de la pareja luego del coito anal. Dentro de las prácticas sexuales es la que más riesgo asocia con enfermedades de transmisión sexual, ya que el semen infectado está mucho tiempo en contacto con la mucosa frágil y tal vez erosionada del recto, facilitándose al contagio. Lo mejor es utilizar durante la penetración anal un preservativo que será desecho al finalizar este acto.


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