Preocupa el descontrol sexual en los boliches

Fuente: infobae.com
En varios boliches del Gran Buenos aires, las chicas juegan a excitar a algún participante, cuidándose de tocarlos. Claro que más de las veces todo va más allá ante la vista de todos o en la oscuridad de los reservados.

Hoy, el espectáculo sexual en los boliches del conurbano bonaerense es la atracción central de la velada nocturna, donde abundan los premios en alcohol para las chicas que logren excitar hasta la erección a un joven que se ofrece como termómetro de una singular competencia.

Así, la movida hot en el Gran Buenos moviliza a miles de adolescentes y jóvenes que asisten a espectáculos en los que no se escatima el sexo explícito entre strippers y desnudistas, y en los que también el propio público termina imbuido de la temática del show propuesto, con más o menos participación según el grado de desinhibición alcanzado a partir de los condimentos colaterales que también ofrece la reunión.

Ramos Mejía, Quilmes e Ituzaingó cuentan, por irreverente que parezca el concepto, con las catedrales de este tipo de espectáculos calientes que ganan en concurrencia por la atracción generada tanto en torno a los shows como en los efectos derivados de la fuerte experiencia sexual vivenciada en la noche que, a esa altura, para algunos acaba de comenzar.

La excitación es tal que la motivación del show se traslada a los reservados del boliche donde aseguran que algunas relaciones recién establecidas terminan en un encuentro sexual.

Tanto desenfreno cuando los strippers se juntan con su público lleva, por ejemplo, a que haya damas que honren a los protagonistas del show, los strippers, practicándole sexo oral ante la vista de un auditorio dividido entre las azoradas que observan boquiabiertas y las que aplauden tanta audacia al natural.

En Quilmes otro boliche también suma pergaminos en cuanto a nivel hot de la propuesta pero en su caso, combinando lo eroticidad de strippers y desnudistas en el escenario con la oferta gratuita de cerveza para las mujeres hasta que otro aspecto de la naturaleza humana marca el límite.

En Ituzaingó, más precisamente en la zona de Parque Leloir, está el otro foco de esta actividad bolichera que atrapa y que pone al sexo como atracción principal de la noche bañada en alcohol que se prolonga en algunos casos hasta más allá de las 7 de la mañana.

Pero la sumatoria de sexo, alcohol y desenfreno conoce otros caminos como una peculiar competencia que tiene como participantes a chicas que compiten por una botella de champán o el acceso a unos tragos. El juego, afirman, vino importando de Bariloche, donde la movida estudiantil lo instauró desde hace un tiempo.

Un joven cómodamente sentado en un sillón del boliche actúa como “tester” de la prueba. Las chicas tienen, sin tocarle sus partes pudendas, que excitarlo a través de caricias, arrumacos y movimientos sensuales. Tamaño manejo de la eroticidad tiene su punto cúlmine cuando el muchacho alcanza la erección que le da la victoria, por ende el acceso al premio prometido, a la chica que desplegó su mayor sexualidad.

Hay quienes aseguran que en algunos lugares la apuesta tiene un encuadre más íntimo pero, también, de mucho mayor voltaje. A igual recompensa las jóvenes compiten en la oscuridad del boliche en la práctica del sexo oral por ver quien logra la eyaculación del caballero convertido en juez de una moda que, a todo descontrol, gana espacio en la noche joven.

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