En el cine porno feminista no caben la lolita con trenzas ni la enfermera cachonda

Fuente: deia.com
ERIKA LUST Directora de cine erótico y escritora.
Erika Lust tiene una mirada pícara, una sonrisa amplia y un modo dulce de hablar. Pero, tras su jovial fachada, el discurso es maduro, seguro y coherente. Esta sueca afincada en Barcelona defiende que es posible un cine porno en el que la mujer no sea tratada como un objeto sexual.


Bilbao. La directora de cine porno Erika Lust pisó ayer, por primera vez en su vida, la capital vizcaina. Lo hizo para inaugurar una nueva edición de la Muestra de Cine Dirigido por Mujeres. La exhibición de películas comienza el próximo lunes pero, para ir abriendo boca, Lust ofreció ayer una charla, bajo el título ¿Es posible un porno feminista?

Abrió la muestra con una conferencia, pero no se va a proyectar ninguna de sus películas, ¿no?

La pornografía es algo para disfrutar en la intimidad de cada uno. No es un género cinematográfico como los demás, porque está hecho precisamente para estar en tu casa, en tu momento de privacidad, y sentir una sensación física, que no es la misma que en el cine de terror, por ejemplo. Por eso, exhibirlo en festivales es complicado, si no son especializados.

¿Podemos decir que la charla es un primer paso?

¡Es un gran paso! Me parece atrevido invitar a alguien para que dé una conferencia sobre pornografía. Muy pocos festivales quieren involucrarse con este género porque, si decides hacerlo, es como admitir que es aceptado. Por eso, creo que la charla ya es muy importante. En mi opinión, la pornografía es todo un discurso que habla sobre sexualidad y, hoy en día, este discurso está siendo llevado casi exclusivamente por voces masculinas. Para mí, hablar de pornografía es algo casi político, porque creo que es importante que las mujeres entremos en este ámbito y comencemos a dar nuestra propia visión de la sexualidad.

¿Qué tienen que ver la pornografía y el feminismo?

Ambos ven a la mujer como un ser sexual, que busca placer. Durante mucho tiempo, nuestra sexualidad estaba conectada sólo con la procreación. El objetivo no podía ser el placer; tenía que ser la reproducción o, en todo caso, el placer del hombre. Pero, en la sociedad actual, las mujeres llevamos nuestra economía y nuestras propias decisiones y hemos empezado también a incorporarnos como consumidoras activas en este terreno del sexo.

¿Son muchas las mujeres que consumen pornografía?

Sí, estamos cada vez más interesadas. Investigamos, vemos películas, hacemos reuniones tuppersex, compramos productos en tiendas eróticas… y también se empiezan a ver mujeres empresarias en este sector. Hasta ahora, era algo oscuro, prohibido, para hombres. Y ahora no. Pero, en lugar de conformarnos y coger lo que hay, decimos "esto no me gusta" y lo cambiamos. Lo mismo ocurrió cuando la mujer entró en política o en medicina.

¿En qué se nota que sus películas están realizadas por una mujer?

Como en el resto de géneros cinematográficos, una película cambia según su director, porque es diferente la persona que está declarando, contando o haciendo el film. Lo mismo me ocurre a mí. Yo, como mujer sueca, joven, feminista, madre de una hija... decido hacer una película porno, y esa película va a ser muy diferente a la que haga cualquier otro director de cine porno, porque todos los detalles cambian. Son diferentes las sábanas en la cama, el vestuario, el maquillaje y, evidentemente, las historias que elijo contar. Y lo más importante es que, en mis películas, las mujeres son las protagonistas, las que llevan la historia, las que tienen deseo, las que quieren tener sexo... No son sólo las herramientas para que los hombres lleguen a la eyaculación o al orgasmo.

Habla de historias distintas, pero precisamente la falta de calidad de los guiones es una de las grandes críticas en el cine porno.

Parece que, para muchos hombres, es suficiente con ver sexo y no necesitan entender por qué. No es que las mujeres necesitemos romanticismo ni que los protagonistas se casen al final, pero sí un contexto. Me gusta entender quiénes son estos personajes, qué hacen ahí, si se desean entre ellos, dónde y cuándo surge esta pasión...

¿Esto exige un cambio en los estereotipos de los personajes?

Por supuesto, cambian los personajes, porque no me interesa la enfermera cachonda o la lolita con trenzas. No me interesa el chico mafioso, ni el macarra. Ni deseo a este tipo de hombres ni me identifico con esas mujeres. Y en el mundo del cine la identificación con los personajes es muy importante porque es una de las cosas que hace que entremos en la película y que sintamos lo que nos está contando.

En plano formal, ¿también hay diferencias entre sus películas y las que dirigen hombres?

Sí, porque no me interesa tanto mostrar la penetración. Yo quiero mostrar un acto de pasión, un acto de lujuria, un acto de sexo. Por eso, no entro con la cámara para coger los detalles más íntimos, sino que lo veo más como un baile de cuerpos. Por lo tanto, cambian mis planos. También es diferente porque los hombres muestran mucho a la mujer, pero yo enseño también el cuerpo del hombre, porque me resulta atractivo ver su cara, sus brazos, su culo...

En el cine porno siguen predominando los directores. ¿Cómo la han acogido en la industria X?

Las reacciones más negativas a lo que estoy haciendo vienen, básicamente, de los directores de este sector, que se sienten bastante amenazados. No entienden mi perspectiva. No saben lo que es el feminismo y creen que es extremismo. Piensan que sólo hay mujeres y que las protagonistas pertenecen a una especie de juego para que los hombres desaparezcan del mundo. Y dicen que ellos son mucho más modernos que yo, porque hacen cine para todos.

¿Pero sus películas son sólo aptas para chicas?

No, son para todos, pero he empleado mucho eso de para mujeres para hacer ver a las posibles consumidoras que mi cine es algo diferente, dentro de todo el material porno que circula por ahí. Los hombres son bienvenidos, pero creo que estoy intentando hacer algo pensando primero en ellas.

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